Qué bonito está el monte en otoño, los colores son espectaculares. Fui a un hayedo y era muy chulo ver esos troncos elevándose hasta el infinito cubiertos de verde con mil formas que invitan a la imaginación. Y como imaginación tengo para dar y tomar veía arañas, caras y distintos animales en esas ramas retorcidas.

Lo que comprobé es que no estoy muy en forma para ir al monte y subir y bajar cuestas... cómo resoplaba en cada tramo y eso que me empeñé en que quería un bastón al final hasta la rama-bastón que me encontré me molestaba.

Qué gusto daba andar por las hojas (eso si, hay un peligro, no ves las piedras: comprobado)

Está claro, debo ir más al monte, aunque me llamen
pija por ir en vaqueros (si es que una no puede ir divina de la muerte) sobre todo porque después de tanto esfuerzo me llevaron a comer
cosicas ricas ricas.
Eso si, tras el esfuerzo mañanero hubo recompensa
Mereció la pena